miércoles, 30 de noviembre de 2016

El amor cambia

Sí, estoy segura de que cambia. 
Todos hemos estado mirando desde el palco otros amores. Todos hemos prestado atención en las acciones que se pueden llegar a hacer por el otro, y todos, absolutamente todos, sin excepción ninguna, hemos fruncido el ceño y hemos arrugado la nariz mientras sacudíamos la cabeza y nos negábamos en rotundo a la posibilidad de que algún día nosotros llegaríamos a perder los papeles de esa manera.

Pero sí, se pierden y no solo los papeles. Hasta el más acomplejado pierde sus inseguridades. Hasta el más cuerdo pierde las cadenas que lo atan. Porque amigo, la locura viene intrínseca en este sentimiento y no puedes resistirte a ella. 

Te vuelves loco riendo, besando, abrazando. Te vuelves loco cuando miras sus ojos y escuchas su voz. Te vuelves loco cuando imaginas su aroma. Te vuelve loco su recuerdo y vuestro reencuentro (por poco tiempo que haya sido). 

Te verás recorriendo distancias que jamás imaginabas, te encontrarás de repente camino a una floristería a comprar ese ramo de flores en el que tampoco planeabas invertir tus ahorros. Estarás dispuesto a hacer cosas inimaginables. Sentirás algo que jamás pensabas que tu propia fisiología sería capaz de provocar. Pensarás que la inmensidad con la que adoras es realmente un disparate... pero es real.

El amor no está planeado, sólo surge y es imposible nadar a contracorriente. Te envuelve y te embriaga. Te hace fuerte y luchador. Te hace libre. Te hace reír a carcajadas, te hace llorar a mares. Pero te hace estar vivo y tener algo por lo que continuar.


Y no, no hace falta buscar el amor. 
Lo tienes dentro.
Estás hecho de él.





jueves, 3 de noviembre de 2016

Querido doctor

Querido doctor,
ese mismo que tiene muchas razones para tenérselo creído: no todo el mundo sale íntegro de los (casi) interminables estudios de Medicina, de las noches de flexo y café, de las madrugadas de guardia y de las exigencias de algunos pacientes. 
Sí, tú has podido superar todo eso y has acabado cruzando por fin la línea de meta, has clavado la bandera en la cima más alta de todas tus aspiraciones y te has hecho con lo que soñabas desde pequeño mientras examinabas a tus muñecos con el palo de tu helado favorito.
En ese largo camino recorrido has ido enriqueciendo tu mente, ampliando conocimientos y traspasando los límites de lo que pensabas que era inexistente, inimaginable. Has conocido las causas más microscópicas de una enfermedad que azota a la población mundial, y te han dado conocimientos suficientes para poder administrar una cura o buscarla antes de que se acabe el tiempo. 
Has ido haciéndote con algo sumamente importante: la experiencia. Y esa misma experiencia es la que te ha insensibilizado ante situaciones límite, extremas, que años atrás pensarías que no soportarías. Porque si hay algo que está claro es que los médicos vivimos sumidos en mitad de la miseria humana, y tratamos de erradicarla. Esas vivencias van endureciéndote el corazón, parece que se forma una coraza cada vez que pisas el hospital; como cuando un erizo saca sus púas cuando se siente en peligro.

Pero espera, antes de que vuelvas a blindarlo, permíteme un consejo: no olvides de dónde vienes. Porque no hace mucho tiempo atrás tú eras yo pisando las huellas que dejaste tú en el hospital mientras corrías detrás del médico que te enseñó lo que ahora sabes y pones en práctica. Tú eras yo, en una esquina de la habitación tratando de incomodar lo mínimo posible al paciente en su consulta. Tú eras yo y mi vergüenza antes de entrar a un quirófano lleno de gente y con un paciente sobre la mesa de operaciones. Tú también eras yo en cada equivocación. Tú también fuiste yo en momentos de frustración.

Tú has tenido siempre las mismas ganas que tengo yo por aprender. 
Tú eres lo que quiero terminar siendo yo.

Tú ahora eres lo que yo miro con asombro y admiración; tú eres el ejemplo que habré de seguir. Las pautas que me has establecido (consciente o inconscientemente) para el momento en el que me vea sola ante el peligro. 
Recuerda que como a ti, a mi también me gusta sentirme útil, que estoy aprendiendo. Que a mi también me gusta descubrir cada día un poco más que estoy hecha para esto; que estamos tratando con la parte más vulnerable de cada uno, que si algo nos debe sobrar no es más que humanidad, empatía, entrega y dedicación. 

Tú has estado en mi piel y por eso te pido esto. Dedica una parte de tu valioso tiempo a los que seremos como tú en un futuro. Esos minutos van a construir un futuro que repercutirá en cientos, miles de personas. Todas con las que traten todos aquellos estudiantes y residentes que pasen por tus manos. Algún día seremos nosotros quienes tengan que aliviar(te) y curar(te) el sufrimiento, ¿qué mejor oportunidad tienes para poder moldearnos? 

Recuérdalo: tú has estado aquí.



martes, 1 de noviembre de 2016

Decide si dejas correr el tiempo o el riesgo

Frenético, a toda velocidad, sin pausa y con muchos estragos. 
Nos hace viejos,
reflexivos,
quizá sabios.
Pero nunca nos deja indemnes.

Corre, corre tanto que se nos escapa de entre los dedos cada vez que acaba el día.

Con tan poco chance para hacernos ver que la vida no espera por ti,
que es ahora,
no luego,
ni ayer.

Y como los granos se escapan por el cuello del reloj de arena sin apenas darnos cuenta de lo valiosos que son hasta que el último cae,
por un momento seré yo ese último grano,
ese que forma una montaña,
y te diré que es el momento de echarle una carrera a la vida misma,
de coger las riendas de tu vida.

Aunque a veces dejarse llevar suene tentador,
irresistible, 
irrechazable. 

Gánale la batalla al reloj,
que cuando suene para despertarte no te moleste,
porque el sueño lo estés viviendo, 
y no imaginándolo. 

Deja entre las sábanas el 'por si acaso',
el 'a lo mejor',
el 'y si...';
porque si no, cuando estés volviendo a contar el tiempo pero esa vez hacia atrás,
todo lo que llevabas a cuestas, 
las excusas,
se convertirán en arrepentimientos.

No dejes que te gane el pulso,
tienes más fuerza y más opciones.

Tómate la libertad de descubrir,
de probar,
de hacer,
de decir,
de amar,
de soñar,
y haz de tu vida un recuerdo inmortal. 

Deja huella,
en tu alma y en la de los demás. 

Marca tú el ritmo al que quieres crecer como persona,
el tiempo que quieres tardar en encontrarte a ti mismo.
Decide tú cuándo es el momento de hacer algo,
y que los prejuicios que ha creado el tiempo no te digan
cuándo es el momento de comenzar con eso que es tu pasión.
 
Decide cuándo empiezas,
pero no pienses en cuándo acabar. 


Stop or start?

Todos y cada uno de nosotros hemos sentido nuestro cuerpo y nuestra mente a punto del colapso. Se ha proyectado en nuestro cerebro la "ingeniosa" idea de tirar la toalla y no solamente eso, sino de enterrarla y hacer como si nunca hubiese existido. 

Sí, no deja de ser una idea lo suficientemente tentadora. Lo suficientemente fácil. Lo suficientemente rápida. La vía de escape que tiene en la puerta carteles de neón con colores chillones y llamativos que parecen ser la entrada a un casino de Las Vegas, como si al final del camino fueses a adquirir buena suerte o al menos a darle esquinazo a la mala. Y todos aquellos que acaban en esa senda de rendición acaban llevando atados al tobillo los problemas que creían haber hecho desaparecer, derretir en el núcleo de la Tierra. Y a pesar de que queman como verdadera lava en el alma, no se han separado un solo segundo de sus talones. 

Sí, sé que la puerta que tenemos al otro lado, la opción B, es bastante intimidante. En lugar de animarte a entrar parece tratar de ahuyentarte y hacerte huir a toda velocidad. Es como si en el marco de la misma se hubiesen colgado todos aquellos carteles de 'precaución', 'peligro' y 'vas a sufrir'. Mucho color rojo y amarillo que dañan la retina y qué diablos, también la moral. De lo que nadie se da cuenta es que afrontando todos esos monstruos de dientes y garras afiladas que se hacen llamar miedos, la cuerda que te hace llevar a rastras todo lo que no te deja avanzar acaba por ser mordida. Y tú acabas por ser libre. No es un camino fácil, pero si lo ves desde otra perspectiva te darás cuenta de que es la opción B, la que pocos valientes cogen, la que hará que des lo mejor de ti. 

Sí, sé que sacar las uñas cuando piensas haber perdido toda energía para enfrentarte al mundo no es fácil.
Pero no, no te vas a arrepentir de haber luchado