Todos y cada uno de nosotros hemos sentido nuestro cuerpo y nuestra mente a punto del colapso. Se ha proyectado en nuestro cerebro la "ingeniosa" idea de tirar la toalla y no solamente eso, sino de enterrarla y hacer como si nunca hubiese existido.
Sí, no deja de ser una idea lo suficientemente tentadora. Lo suficientemente fácil. Lo suficientemente rápida. La vía de escape que tiene en la puerta carteles de neón con colores chillones y llamativos que parecen ser la entrada a un casino de Las Vegas, como si al final del camino fueses a adquirir buena suerte o al menos a darle esquinazo a la mala. Y todos aquellos que acaban en esa senda de rendición acaban llevando atados al tobillo los problemas que creían haber hecho desaparecer, derretir en el núcleo de la Tierra. Y a pesar de que queman como verdadera lava en el alma, no se han separado un solo segundo de sus talones.
Sí, sé que la puerta que tenemos al otro lado, la opción B, es bastante intimidante. En lugar de animarte a entrar parece tratar de ahuyentarte y hacerte huir a toda velocidad. Es como si en el marco de la misma se hubiesen colgado todos aquellos carteles de 'precaución', 'peligro' y 'vas a sufrir'. Mucho color rojo y amarillo que dañan la retina y qué diablos, también la moral. De lo que nadie se da cuenta es que afrontando todos esos monstruos de dientes y garras afiladas que se hacen llamar miedos, la cuerda que te hace llevar a rastras todo lo que no te deja avanzar acaba por ser mordida. Y tú acabas por ser libre. No es un camino fácil, pero si lo ves desde otra perspectiva te darás cuenta de que es la opción B, la que pocos valientes cogen, la que hará que des lo mejor de ti.
Sí, sé que sacar las uñas cuando piensas haber perdido toda energía para enfrentarte al mundo no es fácil.
Pero no, no te vas a arrepentir de haber luchado.

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